Brasil vota y Argentina observa: ¿Por qué Milei quiere un nuevo aliado?
Tres razones para mirar con mucha atención las próximas elecciones
Por Janaína Figueiredoo
RIO DE JANEIRO.- Cuando el candidato a la presidencia de Brasil, Flavio Bolsonaro —hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado y preso por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023—, visitó Buenos Aires a fines de junio, el presidente Javier Milei abrazó su candidatura y se puso a su disposición para colaborar en su campaña. Las palabras de apoyo del jefe de Estado argentino sorprendieron a los colaboradores del entonces senador, que aún no se había lanzado oficialmente como candidato del Partido Liberal (PL). En el encuentro entre ambos en la Argentina se habló —confirmaron a LA NACION fuentes que integraron la comitiva del candidato del PL— sobre la participación de Milei en la convención nacional del partido brasileño, realizada a fines de julio en San Pablo. El presidente argentino estaba dispuesto a todo para ayudar al hijo de un expresidente al que considera cercano. Tan cercano que lo invitó a su asunción el 10 de diciembre de 2023, cuando Bolsonaro padre ya había dejado el poder. Lo que nadie imaginaba en aquel momento era que la presencia de Milei en la convención del PL provocaría la más grave crisis diplomática entre Brasil y la Argentina de la historia de las relaciones bilaterales.
El resultado de una elección presidencial brasileña nunca fue tan importante para la Argentina desde que ambos países recuperaron su democracia. Diplomáticos brasileños y argentinos evitan hablar de un riesgo de ruptura y esa posibilidad, de hecho, es muy remota. Sin embargo, en caso de una nueva reelección de Lula, el vínculo podría entrar en una larga fase de hibernación. Desde que tuvieron que convivir los expresidentes Jair Bolsonaro y Alberto Fernández, las tensiones entre Brasil y la Argentina fueron permanentes, pero nunca llegaron a los niveles de los últimos tiempos. En el pasado hubo otros momentos difíciles en la relación, por ejemplo, cuando estuvieron en el poder las expresidentas Cristina Kirchner y Dilma Rousseff. Quienes estuvieron en ambas cancillerías en aquellos años recuerdan que el vínculo entre los dos gobiernos no fue fácil y contrastó con los años en los que gobernaron Néstor Kirchner y Lula. Con Dilma y Cristina nunca existió la misma sintonía. Pero la elección presidencial del 4 de octubre, cuando se realizará la primera vuelta, es diferente a todas las anteriores. El desgaste inédito de la relación entre los dos presidentes ocurre en un contexto global y regional muy diferente. La alianza de Milei con el gobierno de Donald Trump —en momentos en que América Latina vive lo que algunos llaman una “ola azul”, con la llegada al poder de candidatos de derecha y extrema derecha, y una política ostensible de Estados Unidos para recuperar influencia en el continente— transformó la elección brasileña en algo mucho mayor. La disputa de poder entre Lula y el bolsonarismo trasciende las fronteras de Brasil y, en la Argentina, su tradicional vecino y aliado estratégico. El resultado de la elección tendrá un enorme impacto por diversas razones.
01
Crisis diplomática bilateral inédita
La profundidad de la crisis diplomática entre Argentina y Brasil es algo nunca visto. Antes de la crisis desencadenada por la presencia de Milei en la convención nacional del PL, la tensión entre los dos gobiernos ya había alcanzado niveles inéditos. Un claro ejemplo de esto fue la decisión de la cancillería argentina de no enviar a un alumno del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN) —donde estudian quienes harán la carrera diplomática— para realizar un período de aprendizaje en el Instituto Rio Branco, en Brasilia. Este tipo de intercambios es frecuente entre cancillerías y, sobre todo, entre países vecinos y tradicionalmente cercanos. Pero este año, confirmaron a LA NACION fuentes diplomáticas brasileñas, el alumno o alumna del ISEN que debería haber realizado sus estudios en Brasil no fue enviado por decisión del gobierno argentino. En la ceremonia en la que fueron entregados los diplomas a los alumnos extranjeros que estudiaron en el primer semestre en la escuela diplomática brasileña faltaba uno de los siete alumnos seleccionados: el de la Argentina. Este es apenas un ejemplo de hasta dónde llegó la crisis entre el Brasil de Lula y la Argentina de Milei. Otros ejemplos abundan. En los pasillos de Itamaraty se comenta que el gobierno de Milei dejó de realizar aportes a la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC) como parte de su política de equilibrio fiscal. La ABACC, que ya supera los 30 años de vida, siempre fue un pilar en la relación y un ejemplo para el mundo. Desde agosto, Brasil no tiene embajador en la Argentina y tampoco la Argentina tiene embajador en Brasil. Los jefes de las misiones, Julio Bitelli, por el gobierno de Lula, y Daniel Raimondi, por el gobierno de Milei, volvieron a sus respectivos países por tiempo indeterminado. Las relaciones están en el freezer, aunque las operaciones militares conjuntas, por ejemplo, siguen su calendario sin alteraciones. De hecho, la agenda militar tuvo un momento importante con la visita del ministro de Defensa de Brasil, José Múcio, a fines de mayo. Según fuentes brasileñas, la reunión entre el ministro y su par argentino, el general Carlos Alberto Presti, fue positiva. El ministro argentino se mostraba reticente a evaluar la compra de materiales de defensa producidos en Brasil, pero la conversación fluyó bien, según testigos de la misma, y las tratativas entre ambos ministerios continuaron. Todo dependerá de lo que pase en la elección brasileña. Está claro que este período malo del vínculo bilateral podría extenderse y empeorar en caso de que Lula consiga conquistar un cuarto mandato. Por parte del Brasil de Lula existe la intención de preservar las relaciones entre Estados e, incluso, mantener posiciones tradicionales del país, como el apoyo a la demanda de soberanía de la Argentina sobre Malvinas. Pero una eventual victoria de Flavio Bolsonaro —hoy un escenario no solo posible sino, para muchos, el más probable— terminaría inmediatamente con las tensiones.
De izquierda a derecha
Entre 2006, cuando Lula buscó su primera reelección, y hoy, el mapa ideológico del continente cambió de color
2026
El reciente encuentro entre el presidente Trump y sus socios en el llamado Escudo de las Américas en Nueva York fue un retrato de lo que vive América Latina en estos tiempos. Una gran mayoría de gobiernos de derecha y extrema derecha están alineados con la Casa Blanca en sus iniciativas más importantes para recuperar su poder de influencia en la región y, así, reducir el de China. No estaban Brasil ni México, países que no adhirieron al proyecto trumpista. Con la eventual victoria de Flavio Bolsonaro en Brasil, el “escudo” creado, principalmente, para combatir militarmente al crimen organizado — y que es visto como una amenaza a la soberanía por los gobiernos de Brasil y México — no solo crecería, sino que pasaría a tener al país de mayor peso en América del Sur. Para Milei se acabarían las crisis en el Cono Sur, y el presidente argentino ganaría, además, un aliado en su defensa de Israel. Sería un giro de 180 grados que traería alivio a los presidentes de Estados Unidos y la Argentina, pero generaría pánico en el mundo progresista global. Perder a Brasil sería, para ese sector, catastrófico. Un gobierno de Bolsonaro en Brasil nunca dudaría en sumarse a toda iniciativa de Trump, junto a presidentes como Milei, José Antonio Kast en Chile, Daniel Noboa en Ecuador, Keiko Fujimori en Perú, Abelardo De la Espriella en Colombia y Santiago Peña en Paraguay, entre otros. Podría incluso, como está haciendo Paraguay en este momento, ayudar a Trump a legitimar al gobierno de Delcy Rodríguez en Venezuela, todo un desafío. El presidente paraguayo, quien ya fue muy cercano a la líder opositora María Corina Machado, estuvo en Caracas antes de viajar a la Asamblea General de las Naciones Unidas y viene defendiendo la reaproximación de la región a Venezuela e, incluso —según se comenta en Asunción—, el regreso del país al Mercosur. La ola azul avanza con Milei y sumar a un eventual gobierno de Flavio Bolsonaro le daría un impulso cuya fuerza es imposible de predecir.
03
Comercio e inversiones
Principales socios comerciales de la Argentina, en millones de dólares

1BrasilExportaciones
1127 ↑ 13%
Importaciones
1476 ↓ -15,8%
Saldo
-349
2ChinaExportaciones
667 ↓ -34,2%
Importaciones
1512 ↑ 3,9%
Saldo
-845
3EE.UU.Exportaciones
1106 ↑ 23,4%
Importaciones
683 ↓ -13%
Saldo
423
4IndiaExportaciones
584 ↑ 3%
Importaciones
87 ↓ -32%
Saldo
496
5ParaguayExportaciones
163 ↑ 31,2%
Importaciones
489 ↑ 74,8%
Saldo
-325
6ChileExportaciones
478 ↑ 5,5%
Importaciones
52 ↓ -26,3%
Saldo
426
Saliendo de los escenarios de política exterior y bajando la relación entre Brasil y la Argentina a planos más concretos, la crisis bilateral aún no ha repercutido de manera significativa en el comercio y las inversiones, pero esa posibilidad no puede descartarse. El comercio bilateral entre Brasil y la Argentina atraviesa un ciclo de desaceleración, marcado por una fuerte retracción en el sector automotriz. A pesar del contexto, Brasil se mantiene como el primer destino de las exportaciones argentinas, mientras que la Argentina ocupa el tercer puesto entre los mayores compradores del mercado brasileño (detrás de China y EE. UU.). Según datos consolidados del Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios de Brasil (MDIC) y los informes de la Cámara de Exportadores de la República Argentina, entre enero y agosto de 2026 las exportaciones de Brasil a la Argentina alcanzaron los US$ 10.230 millones, reflejando una caída del 17,5% respecto al mismo periodo del año anterior. Las importaciones de Brasil desde Argentina sumaron US1580 millones en lo que va del año. El comercio automotor —el motor histórico de la relación bilateral— sufrió un freno drástico (caídas superiores al 25% en vehículos de pasajeros y autopartes). Por otro lado, Brasil ha perdido terreno en el mercado interno argentino debido al rápido avance de los bienes y vehículos procedentes de China, que compiten agresivamente en precios. En paralelo, la política de ajuste del gobierno de Milei y su impacto en el mercado interno impusieron un freno a las importaciones de manufacturas provenientes de Brasil. Con Milei y Lula en el poder, trabajar para mejorar este escenario no es algo sencillo. Las reuniones bilaterales escasean y, de un lado y del otro, se espera el resultado de la elección que va a definir la dinámica de la relación para los próximos tiempos.
Fuente: La Nación

