Algunas razones del batacazo en Brasil
¿La economía se “llevó puesta” a la política? ¿Cómo se explica que el presidente haya sumado más de 10 millones de votos en apenas 21 días? Algunas claves para entender una victoria sin precedentes.
l
Rolando KlempertPeriodista y editor. Radio Rivadavia. Agencia Noticias Argentinas.
Buenos Aires, 26 de Octubre (NA) — Nunca en la historia democrática de Brasil un presidente perdió la primera vuelta electoral y luego ganó la segunda. Nunca en la historia de Brasil un mismo hombre tuvo cuatro mandatos presidenciales.
Hasta Lula, solo un presidente democrático había ganado una elección con más de 80 años de edad: fue Joaquín Balaguer, heredero de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana, con 83 años en 1990 y con 87 en 1994. Porfirio Díaz también ganó con 80 años en 1910, pero en el marco de un proceso autocrático en México.
Solo ocho presidentes en la historia de la región gobernaron durante cuatro mandatos. Lula es el noveno en América Latina (esa lista incluye a Fidel Castro, Hugo Chávez, Daniel Ortega y Balaguer, entre otros), y el primero en Brasil.
Se pueden contar con los dedos de una mano los oficialismos que lograron conservar el poder en la última década en América Latina. Por innumerables razones, en general los oficialismos pierden. Incluso en Brasil Michel Temer dejó el poder a Jair Bolsonaro, y este no consiguió reelegirse frente a Lula en 2022.
El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta electoral de este domingo es histórico por donde se lo mire. Y más aún teniendo en cuenta el resultado de la primera vuelta del pasado 4 de octubre.
Flávio Bolsonaro había sacado un 47% de los votos, contra un 45% de Lula, pero con la particularidad de que el actual mandatario era el único candidato considerado “de izquierda” o “progresista”, lo cual limitaba enormemente la posibilidad de conseguir adhesiones de otros postulantes. En cambio, Bolsonaro consiguió de manera casi automática el apoyo de Renán Santos, Escritor Augusto Cury y Ronald Caiado, que habían obtenido alrededor del 2% cada uno.
La única chance para Lula era convencer de algún modo a parte de los 33 millones de votantes que no habían concurrido a las urnas en la primera vuelta, sobre un total de 158 millones de personas habilitadas para sufragar.
A tal punto la contienda parecía liquidada de antemano, que todas las encuestas, tras el fracaso estrepitoso en las generales, ahora le asignaban a Bolsonaro una leve ventaja de un punto aunque hablaban de un eventual “empate técnico”. Datafolha pronosticó 47% a 46%. Quaest, 45% a 44%. Ambas a favor del hijo de Jair Bolsonaro. Ninguna quería, por así decirlo, “quedar pegada” de nuevo. Pero todas volvieron a fallar.
Lula finalmente obtuvo casi el 52% en el ballotage, con 64,2 millones de votos, es decir, 10 millones de votos más que los que obtuvo el 4 de octubre (53,8 millones).
Bolsonaro, en cambio, se quedó con el 48% de los votos, con 59,8 millones de sufragios, “apenas” 3 millones más que los 56,1 millones de la primera ronda. Ni siquiera se quedó con los votos de Santos, Cury y Caiado, que sumaban casi 9 millones.
Todavía es pronto para entender cabalmente qué pasó, cuáles son las razones de este histórico “batacazo” de Lula en Brasil, pero sí hay algunos factores que siempre estuvieron sobre la mesa y que, ahora a la luz del resultado, cobran nuevo significado
Algunas posibles razones
Como se señaló, la única posibilidad que tenía Lula de dar vuelta esta elección era convencer a los brasileños que no habían ido a votar el 4 de octubre de que era central hacerlo el 25. Y lanzó para ello un enorme y costoso programa económico que los bolsonaristas compararon con el llamado “Plan Platita” argentino.
La medida más importante, también apoyada por el propio Bolsonaro en el Senado, fue la reducción de la jornada labora, que pasó de 44 horas semanales a 40, dejando atrás el famoso régimen de “6×1” (6 días laborables por uno de descanso) e implementando un 5×2. Fue un gol estratégico porque forzó a sus opositores a festejar su agenda.
A esto se sumó la condonación de deudas con el Estado para emprendedores independientes; la compra de sus deudas con los bancos; créditos blandos para taxistas; el anticipo y el aumento de la asignación “Bolsa Família”; créditos para primera vivienda; un subsidio de hasta 10.000 reales para universitarios que quieren tener su primer emprendimiento; y el transporte público gratuito los fines de semana
Todo esto fue anunciado después de la derrota en la primera vuelta. El oficialismo acusó el golpe y giró el timón. Ahora el mensaje debía ser: “Todo lo conseguido con Lula se puede perder con Bolsonaro, cuyo programa emula al del presidente argentino Javier Milei”. No es una exageración: Lula se lo dijo en la cara a Bolsonaro en los dos debates televisivos. Bolsonaro, que hizo campaña con Milei exhibiendo una gran tijera (la variante brasileña de la motosierra), intentó explicar en esos cruces que Milei había reducido la pobreza a partir de la baja de la inflación. Pero evidentemente no alcanzó, incluso cuando la inflación en el Brasil de Lula golpea productos de consumo hipermasivo, como el arroz o los porotos, además del combustible.
Otro gran golpe admitido por Lula tras la primera vuelta fue la derrota en el discurso sobre la seguridad. Tampoco son especulaciones, sino que el Partido de los Trabajadores (PT) lo dijo con claridad en un instructivo destinado a los militantes publicado al día siguiente. Y Lula fue a una entrevista televisiva a contar que ahora sí estaba analizando bajar la edad de imputabilidad de 18 a 16 años; que ahora sí iba a crear un Ministerio de Seguridad; y que iba a avanzar en una reforma constitucional para que las fuerzas federales puedan tener mayor injerencia en esa materia, que hoy está en manos de los estados.
Tampoco ayudó a Bolsonaro la campaña “sucia” en internet. En los últimos días, Lula y el PT denunciaron formalmente a Meta por alterar los algoritmos en Brasil para favorecer a Bolsonaro, priorizando sus contenidos por sobre los de la campaña oficialista. Los medios brasileños se encargaron de exponer en detalle lo “invasiva” que resultó eso para muchos usuarios.
Según analistas como Caio Manhanelli, el desempeño de Flávio Bolsonaro en los debates televisivos no convenció. Lula se mostró más activo y hasta pícaro en las respuestas, mientras que el candidato de derecha pareció atado a un guion. Algunos bolsonaristas en las redes afirmaban que Jair se hubiera hecho un festín. O incluso su hermano, Eduardo, quien desde EEUU no logró consolidar suficientes apoyos.
Y ese es justamente otro factor clave: el respaldo de Trump a Bolsonaro fue más que tímido en comparación con el apoyo a Milei, Abelardo de la Espriella, Keiko Fujimori o Daniel Noboa. ¿Sabría la casa Blanca que este resultado era posible? ¿Es más conveniente para Washington que Brasil siga siendo parte de los BRICS y contar con un buen socio como Lula, más allá de algunos matices ideológicos?
Finalmente, por solo enumerar algunas posibles causas, está el aspecto religioso. Tal vez no tuvo mucha repercusión, pero durante semanas se debatió la posible decisión de Bolsonaro de tomar decisiones en materia religiosa. Había trascendido que Bolsonaro, apoyado por los sectores evancélicos, quería pedir al Vaticano la remoción en Brasil de obispos que consideraba afines al “comunismo” e incluso que la popularmente adoraba Virgen de Aparecida iba a perder su reconocimiento oficial como Patrona de Brasil. Bolsonaro aclaró que eran todas fake news, pero el daño estaba hecho. En la previa de la segunda vuelta, un grupo de obispos llamó abiertamente a los católicos a ir a votar por Lula.
Este domingo, más de 64 millones de brasileños eligieron “continuidad” frente al cambio propuesto por los Bolsonaro. La adhesión de más de 10 millones de votos en solo 21 días parece mostrar también un movimiento de resistencia.
Sociedad polarizada
Como señaló el periodista Gabriel Michi en la cobertura especial de Noticias Argentinas de este domingo, pareciera haber “dos Brasiles”, casi irreconciliables. A tal punto es así, que Bolsonaro no reconoció la derrota y anunció que va a judicializar el tema.
Pero es más profundo que ello. En una sociedad cuyos consumos informativos y culturales están segmentados por los algoritmos, Latinoamérica entera se debate frente a una polarización extrema. Keiko Fujimori le ganó la segunda vuelta a Roberto Sánchez por apenas 40.000 votos. La diferencia entre De la Espriella e Iván Cepeda en Colombia fue de 250.000. Bolsonaro y Lula se sacaron 2 millones de votos en la primera vuelta y algo más de 4 millones en la segunda, es decir, un resultado también ajustado.
Lula tendrá el desafío, en el marco de esta mencionada polaridad, de tener que gobernar con un Congreso en manos del bolsonarismo, que se quedó con buena parte de las bancas del centro, y la centroderecha.
La buena noticia para Brasil es que, al menos por ahora, y más allá de las quejas de Flávio Bolsonaro, no se produjeron incidentes que pongan en riesgo la democracia como sí ocurrió en enero de 2023, cuando los seguidores de Jair Bolsonaro tomaron el Palacio de Planalto y golpearon las puertas de los cuarteles exigiendo un golpe de Estado.
Desde luego, la gran pregunta que sigue es: ¿puede este triunfo de Lula poner freno al avance de las derechas en América Latina? O, mejor aún: ¿puede significar el inicio de un proceso inverso, pendular, hacia una nueva era “progresista”, “socialista” o “de izquierda” en la región, como respuesta de cambio frente a gobiernos de derecha que tampoco encuentren las respuestas que la gente exige? Y, sobre todo: ¿incidirá esto en las elecciones argentinas de 2027?
Lo cierto es que este triunfo histórico de Lula en Brasil deja más preguntas que certezas. Y algunas de ellas se irán dilucidando en los próximos meses.
Agencia NA

